Los últimos años han puesto a prueba la paciencia de quienes invertimos bajo la filosofía del Quality Investing. Resulta frustrante observar cómo compañías excepcionales, con balances sólidos y alta rentabilidad, se han quedado rezagadas, mientras el mercado se ha visto impulsado por la euforia técnica y una concentración de capital sin precedentes.
Sin embargo, tras un 2025 especialmente adverso para la inversión en calidad —el peor año relativo registrado por los índices Quality—, el escenario empieza a cambiar. Precisamente este castigo ha generado, en mi opinión, una de las mejores oportunidades de la última década para invertir en los mejores negocios del mundo.

¿Qué define a una “mejor compañía del mundo”?
La filosofía del Quality Investing no busca anticipar modas de corto plazo. Se centra en ser propietario de negocios que cumplen tres pilares innegociables:
1. Altos márgenes operativos, como prueba de un foso defensivo que protege al negocio frente a la inflación y la competencia.
2. Baja deuda, clave en un entorno de costes de capital elevados, donde la resiliencia financiera resulta esencial.
3. Elevado retorno sobre el capital empleado (ROCE), verdadero motor del interés compuesto. Aunque en 2025 las empresas con bajos retornos alcanzaron máximos de precio, la historia demuestra que, a largo plazo, el valor de una acción acaba reflejando la rentabilidad de su negocio.

Los últimos años: explicando el underperformance
Si estas compañías son tan sólidas, ¿por qué lo han hecho peor? La respuesta está en una combinación de factores técnicos que han distorsionado las valoraciones.
El aumento de los tipos de interés ha reducido el valor presente de los flujos de caja futuros, presionando especialmente a las empresas de calidad. La concentración extrema del mercado ha alcanzado niveles históricos. A cierre de 2025, los diez mayores valores del S&P 500 representaban el 39 % del índice, una cifra que no se veía desde 1930.
El auge de la inversión pasiva ha reforzado este efecto. Los fondos indexados compran por tamaño, no por calidad, alimentando un momentum potencialmente peligroso. En 2025, el MSCI World subió un 12,8 %, mientras que los fondos de referencia en calidad apenas avanzaron un 0,8 %.
A ello se suma la rotación hacia un “value” de baja calidad. El estilo Cheap Value batió ampliamente al mercado, premiando compañías con alto apalancamiento y relegando valores defensivos.

Complacencia en las primas de riesgo
El aspecto más preocupante del entorno actual es el comportamiento de las primas de riesgo. Se observa una complacencia extrema en sectores históricamente cíclicos y poco fiables.
Las primas han caído con fuerza en bancos (-0,9 %), servicios financieros (-0,6 %) y real estate (-0,7 %). En contraste, sectores resilientes como salud, consumo estable o software han visto cómo sus primas de riesgo se incrementan o permanecen estables. Esta divergencia indica que el mercado está penalizando la visibilidad y premiando la fragilidad cíclica.

La oportunidad
La historia es cíclica. Tras los episodios de euforia de 1930, 1980 o 2000, los periodos de entusiasmo por compañías de baja calidad terminaron cuando los fundamentales volvieron a imponerse.

Hoy, la valoración relativa de las mejores empresas frente a las cíclicas es una de las más atractivas de los últimos años. Mientras el mercado actúa como un casino que premia la deuda, la decisión sensata es invertir en negocios de alta calidad, generadores de caja y con ventajas competitivas reales.
El consenso de mercado apunta a que en 2026 el factor High Quality volverá a liderar las rentabilidades. Como siempre, la paciencia sigue siendo el ingrediente esencial del éxito a largo plazo.
Javier Galán
Director de Inversión de Renta Variable