En el complejo ecosistema de la inversión global, pocas veces nos encontramos con una divergencia tan marcada entre lo que dictan los indicadores de ciclo económico y lo que sugiere el posicionamiento de los grandes gestores de fondos. Actualmente, nos hallamos en un punto de inflexión en el que el entusiasmo por el crecimiento se enfrenta al riesgo de agotamiento por posicionamiento.
La tesis del ciclo
Desde una perspectiva macro y microeconómica, el entorno actual sigue favoreciendo una exposición alta, e incluso agresiva, al riesgo. Son el tipo de activos que mejor lo están haciendo; sectores con fundamentales más débiles suben en los últimos años como la espuma por el fervor de la recuperación económica.
Según la teoría de los ciclos económicos, las fases de recuperación, como la que nos encontramos, han favorecido históricamente a:
- Activos de alto riesgo: aquellos con betas más elevadas y menor calidad crediticia.
- Small & Mid Caps: empresas de mediana y pequeña capitalización que capturan mejor el repunte del crecimiento interno.
- Value sobre Growth: un entorno en el que el impulso de los beneficios se generaliza, restando atractivo a la prima de escasez del crecimiento puro.
Los mercados siguen muy ligados e impulsados por la mejora en las condiciones de liquidez y la fortaleza de los márgenes corporativos. Desde este prisma, el mandato que trasladan las estrategias cuantitativas sería claro: comprar riesgo y baja calidad.
La tesis del posicionamiento
Sin embargo, al analizar la última radiografía del sentimiento de los gestores de fondos que publica mensualmente BofA, nos encontramos con un panorama que invita a la cautela. El optimismo macroeconómico ha escalado a niveles que no se veían desde mediados de 2021.
Esta euforia ha cristalizado en un fenómeno técnico peligroso: la “claudicación del efectivo”.
Los niveles de liquidez en las carteras globales han caído a mínimos de más de una década. Según los análisis cuantitativos, cuando la parte de tesorería se desploma de esta manera, los indicadores de bull & bear se dirigen hacia la zona de “precaución” o “venta”.
La lógica contraria advierte: si todos los gestores ya están “dentro” del mercado, ¿quién queda para comprar? En este contexto, el consenso se convierte en el principal viento en contra para los activos de riesgo.
El riesgo de una corrección técnica por posicionamiento abarrotado (crowded trades) en sectores como las grandes tecnológicas, bancos u oro es hoy más alto que en cualquier momento de los últimos tres años.
¿Fundamentales o flujos?
El mercado se encuentra en un pulso entre la realidad macro y la mecánica de flujos.
El optimista del ciclo argumenta que, mientras los beneficios empresariales sigan revisándose al alza y el aterrizaje de la economía sea suave (soft landing), el mercado puede permanecer en niveles de sobrecompra más tiempo del que los bajistas pueden permanecer solventes. Para ellos, la baja liquidez es simplemente el reflejo de una confianza justificada.
El estratega táctico, en cambio, advierte que los precios ya han descontado un escenario de perfección. Cualquier mínima decepción —ya sea un repunte de la inflación o un evento de crédito en sectores opacos como el private credit— podría desencadenar una salida masiva de activos de riesgo hacia el efectivo, simplemente porque no hay colchón de liquidez para absorber la volatilidad.
Conclusión
Predecir el comportamiento de la bolsa en el corto plazo es una tarea dificilísima. Por un lado, tenemos un ciclo macro que invita a buscar valor y riesgo para capturar la expansión. Por otro, un posicionamiento tan saturado que cualquier movimiento defensivo podría transformarse en una corrección, favoreciendo a los activos de mayor calidad y perfil más defensivo.
La paradoja actual es que, aun teniendo bastante visibilidad sobre la recuperación económica, el mercado es vulnerable a su propio optimismo.